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miércoles, 19 de julio de 2017

AGRADECIENDO LO VIVIDO

Sentir en un principio que de algún modo lo he abandonado en estos días de cambios. Pensar en cómo se siente mi pieza TEA por no estar ahí apoyándole en esta maratón de idas y venidas con coches distintos, con papá un día, con los abuelos otro día y con mami otros. Creer que su cabeza no entiende porqué no es mamá quien le acompaña al casal, que no comemos juntos este verano, que a veces va papi a buscarlo y a veces aparece mami. Vivimos tan centrados en que nuestras piezas TEA necesitan rutinas y anticipaciones para que todo vaya bien que si, como yo, no he anticipado nada mediante pictogramas, ni he pensado en cómo hacer las cosas para que su rutina no se vea tan distorsionada, todos los nuevos planes no saldrán bien, será un desastre. 

Dos semanas atrás, me despedía escondida detrás de la ventana de mi pieza TEA y superpapáTEA. Con el corazón en un puño, esperaba escuchar el sonido de nuevos mensajes en whatsapp. El primero de superpapáTEA diciéndome que se había quedado bien con superabuelosTEA, el siguiente de superabuelaTEA diciéndome que había entrado bien y por último a la una del mediodía leer que mi pieza TEA había salido contento del casal. 

Hace dos semanas, aquel primer lunes del mes de julio, terminó el día lleno de positivismo. Todo había salido a pedir de boca, mi pieza TEA, de nuevo nos dio una lección. 

Han pasado casi las tres semanas de casal. No he podido ver entrar a mi pieza TEA cada mañana con su mochila en la espalda, con su caminar tranquilo. No he podido decirle adiós en la distancia. No he podido preocuparme de él, preguntando a los monitores cómo ha estado durante la mañana, ni si se porta bien o no. Sin embargo, sé que él ha sido feliz estas semanas. Sé que ha disfrutado yendo al casal. Que le ha encantado ir a un sitio que los llevan a la piscina y que puede bañarse como lo hace en la piscina desmontable de nuestra casa. Sé que se ha sentido seguro con los monitores y todas las personas que le han acompañado estos días. Sé que de algún modo se ha hecho entender. Mi pieza TEA apenas habla, que es incapaz por ahora de comunicarse con PECS, pero sé que lo han comprendido y se lo han sabido ganar. Y no hace falta que nadie me lo haya explicado, ni tan siquiera ha hecho falta observar cómo lo tratan. 

Dicen las malas lenguas, que las personas con autismo no sienten, no son expresivas, que su rostro siempre es el mismo, que no varia. Dicen que no tienen sonrisa social... Dicen dicen y dicen... Pero mi pieza TEA dice mucho más. Y su sonrisa permamente estos días me explica muchas cosas. Me cuenta que le gusta irse con superpapáTEA, que el coche de superabuelosTEA es molón pero que ellos lo son más aun. Me tranquiliza diciéndome que el casal está siendo un descubrimiento, que un cole puede ser mucho más que sentarse y coger lápiz y papel. Que no me preocupe, porque los monitores que van y vienen de su mano son personas fantásticas, dulces, que le miran con ojos cariñosos y le cuidan para que se sienta feliz. Esa sonrisa que me regala cuando voy a buscarlo a casa de superabuelosTEA y esa carrerilla que coge para darme un abrazo, todo eso, me cuenta que ha valido la pena. 

Desde aquí, mi lugar, mi pequeño mundo escrito es desde donde sólo puede agradecer a todas las personas todo lo vivido estas semanas. En primer lugar a superabuelos TEA, por ser como son, por tirar pa'lante con mi piezaTEA, sacrificando sus mañanas de vacaciones para llevarla al casal, ir a buscarla, comer con él y enseñarle a comer bien, por quererlo como lo quieren, por aguantar el chaparrón si algún día se mi pieza TEA se ha torcido. Porque superabuelos TEA se lo han hecho suyo, lo entienden, lo viven, lo riñen, lo lloran, lo disfrutan, lo descansan. Porque a pesar del agotamiento que conlleva tanto trajín, cuando mi pieza TEA no está lo echan de menos. 

SuperpapáTEA también ha sido pieza clave. Por esa tranquilidad aparente y voz tranquilizadora que ha llevado a nuestra piezaTEA con los abuelos, que le ha explicado con naturalidad todo lo que pasaría a cada momento, que si al coche con él, que si con el coche pequeño, que vamos a casa de los abuelos que te llevarán al casal... Por estar ahí, porque para él también era una prueba de fuego. Porque sabía que hace un año, el berrinche por irse sin su mamá hubiera sido monumental. Pero no. Estos días han servido para que ellos dos estrechen lazos, para que superpapáTEA sea uno de los referentes más importantes de mi pieza TEA.

A sus dos primos, que pobres, debían levantarse pronto para acompañar a mi pieza TEA al casal. Que tenían el tiempo justo para disfrutar de un ratito de playa. En especial a su primo mayor, por estar pendiente de mi pieza TEA en todo momento. Atándole en cinturón, haciéndole sonreír para el selfie matutino, corriendo detrás de mi pieza TEA por si se escapaba, compartiendo pelotas, colchones de playa... 

Y por último, agradecer a todas estas personas que un día pensaron en que sus hijos y otros niños con diversidad funcional, también tenían derecho a divertirse en verano, en un espacio y unas actividades adaptadas a sus necesidades. Estas personas que decidieron que no hay que excluir del verano y sus actividades lúdicas a aquellos niños y niñas que no encajan en el rebaño. Infinitamente agradecida a todos los monitores que han tenido el placer (o no) de conocer y estar con mi pieza TEA y que han sido capaces de saberlo llevar. De todo corazón espero que no se hayan agotado mucho con mi pieza TEA. 

Ha sido una experiencia en la distancia maravillosa para mí. De aquellas que  no apetece que se acabe. De las que ojalá podamos volver a repetir. No me ha hecho falta ver nada. Solo frases de superabuelaTEA como que quería entrar solo en el cole, o que se desprendía de su mano y le decía Adéu o comentarios que le hacían los monitores.... sólo eso me ha hecho falta para saber que si nos quieren, el año que viene repetimos. 

Moltes gràcies Ampa escola Alba.





lunes, 3 de julio de 2017

OTRO LUNES, NUEVAS HISTORIAS

Empieza el día. Es lunes y empieza una semana más. Otro lunes que me despierta con un sol radiante. Un nuevo lunes en nuestras vidas. Un lunes diferente a los demás. Demasiado quizás. Un lunes donde todo lo planeado se fue un poco al traste. No para mal, claro que no, pero no es como yo lo había planificado. A estas horas, hoy debería estar tomando mi café con leche, superpapáTEA estaría a punto de entrar en la habitación de Arnau para darle un beso e irse a trabajar. Yo me ducharía e iría a despertar a mi pieza TEA. Sin prisas pero sin pausas. Con esa alegría que dan las canciones que sé que le sacan una sonrisa. Nos vestiríamos y los dos, muy guapos, muy unidos como siempre, cogidos de la mano nos iríamos al primer día de casal. Con nervios por si no quiere entrar, con esa sonrisa nerviosa en mis labios, sufriendo por dentro, rezando para que todo salga bien. Después iría con superabuelos TEA y cerca de mediodía iría ansiosa a buscar a mi pequeña mitad. Y desearía que me dijeran que ha estado bien con su monitor nuevos, con nenes que no conoce y que seguro que al día siguiente volvería feliz.
Así tenía que ser hoy. Yo con mi pieza TEA, acompañándolo en un nuevo reto, como siempre. Controlando que todo fuera correcto, con los mínimos tropiezos posibles.
Sin embargo, hoy, sí es lunes. Y hoy a estas horas estoy sola en casa. Mi pieza TEA se ha ido con su padre temprano, muy temprano. Pero no ha llorado.. Quizás no haya entendido nada, ¿por qué mami se queda si llevo mi mochila del cole?
¿A dónde vamos? Este no es el camino del cole... No lo sé. Escondida detrás de la ventana he observado la calle. Mi oído no ha oido ningún berrinche ni chillido no problemas. Y entonces el coche ha arrancado y he visto pasar padre e hijo mirando por las respectivas ventanillas del coche. Y he llorado.

Dicen que el vínculo que se crea con el apego es muy fuerte y que poco a poco el niño debe aprender a tomar distancia. Puede ser. Pero soy yo la que estoy enganchada a mi pieza TEA. La que sabe las fortalezas y debilidades de mi pieza TEA. La que controla, la que sabe qué hay que hacer, la que vive de y para mi pieza TEA. Y soy yo quien debe aprender a despegarse de él. La que debe aprender a delegar para poder avanzar en mi propio camino. Por primera vez no estaré con él. No le sujetaré de la mano, no lo podré consolar, no le podré dar un beso y decirle como cada día :"pásatelo super". Hoy no. Hoy y los próximos días será superabuelaTEA quien se enfrente a las entradas y salidas del casal. Y será superpapáTEA el que lo recoja de casa de los abuelos... y yo, yo sólo les dirigiré, donde hay que ir, a qué hora, cuándo, qué hacer si... pero no estaré. En mi mente todo el día todos los superhéroes de esta aventura de verano, superpapáTEA, superabuelosTEA, los primos de mi pieza TEA. Deseando que todo vaya bien, que mi pieza TEA sea feliz y no acuse mi ausencia así, tan de repente. Deseando volver a ver esa sonrisa infinita y achucharlo y besarlo e irnos juntos, cogidos de la mano como siempre a jugar.
Y es que hoy, lunes. Hoy vuelvo al ruedo. Hoy empieza una nueva y corta etapa para mi. Después de cuatro años viviendo de y para mi pieza TEA.. suelto un poco amarras y viajo al mundo real de la mayoría, donde hay que hacer malabares para conciliar familia y trabajo. Inicio una realidad desconocida por mi hasta hoy. Hoy, aunque de momento por poco tiempo, vuelvo a trabajar. Volveré a estar con niños, pero no será el mío. Volveré a hacer lo que hace unos años hacía con tanto gusto.
Así que hoy no es un lunes cualquiera, es un lunes distinto. Con muchos retos, con muchos cambios, nuevas historias, nuevas experiencias.  Y sé que mi pieza TEA me va a dar una lección por tener esa ansiedad anticipatoria absurda. 
Así que pa'lante, siempre pa'lante.


miércoles, 28 de junio de 2017

ARMONÍA FAMILIAR

Una de las muchas cosas que nos arrebató el autismo fue la armonía familiar. No a mi, que vivía y vivo con mi pieza TEA pegada a mis faldas. Pero sí a superpapáTEA. Sin darnos cuenta, aquellos fines de semana donde un día se levantaba uno con mi pieza TEA y al otro se levantaba el otro, fueron desapareciendo. Sin darnos cuenta, me convertí en único y gran referente de mi pieza TEA. No ayudó el perder el trabajo. Veinticuatro horas al día compartidas con Arnau fueron el caldo de cultivo para que construir una barrera estúpida entre superpapá TEA y nuestro hijo. Desaparecieron aquellos ratos en los que superpapá TEA se llevaba a pasear un ratito a mi pieza TEA por la urbanización, se difuminaron los juegos de cosquillas entre ellos, se borraron abrazos únicos entre padre e hijo... No nos dimos cuenta que ese lazo entre ellos dos quería romperse. No por superpapáTEA que adora a su hijo, no porque voluntariamente mi pieza TEA no quisiera tener relación con su padre... Fue sin más, sin quererlo, no pudimos evitarlo.

Duele ver como una criatura de dos o tres años rechaza a su padre. Es duro comprobar que no podía desaparacer un momento sin antes escuchar los berreos de mi pieza TEA. Es doloroso mirar a superpapáTEA hacerse el fuerte cada vez que mi pieza TEA le hace un feo. Es extenuante tener un hijo tan dependiente de mi. Ser consciente que hacer planes y ser como las demás familias que dejan algún fin de semana a su hijo con los abuelos es tarea difícil, sobretodo esperar que no haya llantos, ni berrinches... Sin embargo, eso, todo eso, ya es pasado.

Lo he dicho muchas veces. SuperpapáTEA ha tenido y tiene una paciencia enorme con mi pieza TEA. A paso de hormiguita pero firme ha ido tejiendo de nuevo ese lazo que un día pareció romperse. Situaciones inevitables como que yo debía marchar para hacer exámenes, empezaron a crear momentos de padre e hijo. Sé que hubo rabietas, que la llorera insoportable de mi pieza TEA era digna de no querer saber nada más de ella. Esas reuniones de carnaval por la noche, yo marchándome a hurtadillas de casa, mi pieza TEA siendo despistada con la cena o con musiquita o esa media hora para ir de tiendas con superabuela

TEA, fueron el caldo de cultivo para ese nuevo camino, esa nueva historia de cariño incondicional entre padre e hijo.

Quien ha cedido para llevarlo en brazos un rato en pleno paseo ha sido siempre superpapáTEA (hablamos de un niño de cuatro o cinco años grandote). Quien le ha consolado con voz serena y paciencia ha sido superpapáTEA, quien le ha ayudado a salir de los muchos bucles en los que se mete mi pieza TEA ha sido superpapáTEA. Quien en todos los eventos familiares (llámese, bautizos, comuniones, cumpleaños a lo grande, bodas de oro, etc) ha sido vigilante incansable e inagotable de mi pieza TEA ha sido superpapáTEA. Quien ha ayudado a mi pieza TEA a superar miedos como las palomas o ruidos de casa, ha sido, cómo no, superpapáTEA. Él cuida que no le falte nada de sus comidas favoritas, él se esmera en que mi pieza TEA tenga su juguetes enteros. Los arregla si de golpe el sonido desaparece. Le hace cosquillas y "aplastació" en nuestra cama y juegan juntos, como dos niños.

He llorado mucho con los desprecios de mi pieza TEA hacia su padre, porque no se lo merecía, porque el dolor del autismo es menos cuando esa criatura responde con besos y abrazos y cuenta contigo. Porque sientes que el autismo no te ha arrebatado a tu hijo si notas su manita firmemente cogida a la tuya. Ha sido un camino largo. Hemos pasado de ir mi pieza TEA y yo de la mano y superpapáTEA como un añadido en los paseos a pasear los tres de la mano, mi pieza TEA sin soltar nuestras manos, porque vamos los tres de paseo. Incluso ya no importa si mamáTEA no está... las manos de padre e hijo se sujetan la una a la otra. 

Me gusta contemplarlos desde fuera de la escena. Me gusta escuchar esas carcajadas sublimes de mi pieza TEA, cuando la guerra entre ellos se cocina en nuestra habitación. Me derrito cuando mi pieza TEA, al ver entrar por la puerta a su padre, lo abraza, lo coge de la mano y se lo lleva a la cama para jugar y jugar. Me emociona saber que ahora sí, mi pieza TEA confía ciegamente en superpapáTEA. Y sonrío, sonrío al ser consciente que la armonía familiar por fin ha vuelto a nuestro hogar.






martes, 13 de junio de 2017

VERANO YA ESTÁS AQUÍ

Ahora sí que ya empieza la cuenta atrás. Quedan tan sólo 6 días para terminar el curso y empiece para nosotros el verano. Dos meses y medio largos en los que debemos pensar cosas para hacer además de ir a la playa o remojarnos en la piscina del jardín.

El año pasado mi pieza TEA notó este período tan largo sin hacer nada más que estar con nosotros, sin juntarse con otros niños, salvo unos días con sus primos. Fue un verano un poco largo para todos. Mi pieza TEA se cansó de ir día sí y día también a la playa, de pasarse una hora en remojo porque no quería salir y cuando decidía salir era porque quería irse a casa y hasta era capaz de decir "aja" o " otje" (casa o coche). Así que no es de extrañar que en septiembre cuando le dije que volveríamos a ir al cole no dejara de repetir "a ole". 

Todos coincidimos en que para el año siguiente, es decir, este, mi pieza TEA debía inscribirse al menos el mes de julio en un casal de verano. Sería la primera vez que pasábamos el verano un buen rato separados el uno del otro. Todo parecían ser ventajas... "a él le irá bien seguir haciendo un poco de rutinas, convivir con otros niños, conocer nuevos entornos... Y a ti, te irá bien para desconectar de él, para tener un poco de tiempo para ti y tus cosas". Y estaba de acuerdo. Era obvio que el verano era demasiado largo para mi pieza TEA. Que el año anterior había cambiado rutinas, sobretodo con el dormir, que estaba más irritable que de costumbre y que se aburría de hacer siempre lo mismo. 

Así que este año, nos planteamos como única opción el casal que hacen en el pueblo. Porque estaba cerca, porque iría con sus compis del cole, porque había muchos monitores, porque ya conocían la condición de mi pieza TEA... Sin embargo llegó a mis manos un casal que se hace en una población cercana, cuya característica principal es que se trataba de un casal adaptado. Me hablaron bien de él, me mantuvieron informada de cuándo salían las pre-inscripciones (gracias Sandra), me comentaron que había un monitor por niño... Pintaba tan bonito. Era ideal, puesto que mi  pieza TEA necesita ser supervisado y guiado por un adulto. 

Y salió publicado el casal. Las actividades que se proponían eran más que atractivas para mí y seguramente convenientes para mi pieza TEA... piscina, musicoterapia, talleres con perros... Y me gustó... pero no cumplía inicialmente requisitos... Ni era de la población ni mi hijo iba a un colegio de Educación Especial.

Y entonces me emperré. Me emperré en que debíamos seguir en el ruedo, con los demás niños, los de su pueblo, aquellos que saben cómo es, que aceptan de buen grado que Arnau no hable, que le empujan en el columpio durante la hora del patio, los que le han visto berrear muchas veces pero también escuchar esa risa contagiosa que les hace las mañanas más amenas. Y decidí luchar por tener una vetlladora con él durante todo el casal de verano. Pregunté a quién debía dirigirme, si tenía derecho a pedir lo que quería pedir. Quería moverme para que estuviera bien durante la duración del casal. Y mientras esperaba una respuesta de servicios sociales para que me guiaran por donde debía dirigir mi petición (llamada que dos semanas después aún espero), entré en la web donde explicaba el casal y mientras leía, mi alma se iba cayendo, cada vez más rápido, hacia el suelo, hacia la nada... Un casal planteado sólo como un casal deportivo, patinetes, piscinas, correr... un casal para hacer manualidades y pintar, pintar mucho.... La piscina municipal como escenario para el rato de piscina... y el recuerdo del kamikaze de mi pieza TEA queriéndose tirar a lo más hondo de la piscina... y sin saber nadar... ¿esa era la opción que quería para mi pieza TEA? ¿iba a estar seguro durante las horas del casal? ¿le gustaría?... Mi corazón estaba empezando a dictar sentencia. Pero mi cabeza se resistía. Quería que mi pieza TEA tuviera al menos las mañanas de julio ocupadas. Y ese casal era la única opción. 

Volví a mirar el casal adaptado. ¿era ese su lugar? Mi cabeza decía sí, mi corazón insistía que no, que todavía no. Que era muy pequeño todavía, que ya llegaría el día que tuviéramos que cerrar las puertas de hacer lo mismo que los otros niños. No era el momento. No era justo. No, no y no.

Aquella noche no dormí apenas. Pensaba en mi pieza TEA en un lugar en el que no lo pasaría bien, en el que no participaría en la mitad de actividades. En el peligro que conlleva el no saber nadar y una piscina municipal llena de niños y sin saber si tendría apoyos y si este apoyo se metería con él en la piscina. Mi corazón estaba encogido, mi mente lo estrujaba con argumentos incontestables... y mi pena era cada vez más grande. No había lugar para mi pieza TEA. Nadie pensaba aun en un niño diferente que quiere estar con niños. No había opciones. No había verano con casal, y si lo había era con un gran malestar y sufrimiento diario.

Vi un poco la luz cuando me comentaron que la USEE es tierra de nadie, se considera educación especial y que probara solicitar plaza en el casal adaptado, que seguro que ahí iba a estar de perlas, con gente que sabe con que niños trabaja. Mi corazón suspiraba cuando escribí la petición. Deseando por un lado que me otorgaran plaza y sollozando porque era la primera vez que mi pieza TEA sería a ojos de todos diferente. Que sí que lo sabemos todos, pero esta era la prueba más grande de que mi pieza TEA no encaja en un mundo de todos, donde nadie del mundo llano piensa en nuestras piezas TEA salvo aquellos que viven y conviven y trabajan con niños especiales. 

Esa misma tarde me confirmaron plaza en el casal. Fue un torrente de emociones diversas. Gritos de alivio porque no  iba a ir al casal del pueblo, donde no hubiera encajado jamás, gritos de alegría porque mi pieza TEA viviría un verano diferente y seguramente divertidísimo, lágrimas de penilla por el tipo de casal, y triste y con penilla porque me daba la sensación de querer desprenderme un rato de él. 

Hoy he llevado la documentación al cole que organiza el casal. Y allí he sentido paz. Chicos y chicas con diversidad funcional, niños y niñas con sus historias propias. Que reían que disfrutaban y se sentían bien. Que nos saludaban o nos miraban con ojos curiosos. He sentido paz al ver los profesionales que los tratan. Con una sonrisa permanente en los labios, con una paciencia infinita hacia todos esos chicos. He visto trabajos colgados en la pared que me han encantado... Un mundo aparte, un mundo mágico para nuestros niños. Sin embargo, he llorado. 

Llorar porque asumo que no existe el sueño de la inclusión, que no hay opción cuando no hay alto funcionamiento, que la educación no está preparada ni quiere en realidad prepararse para que nuestras piezas TEA tengan el derecho a ser diferentes dentro de un mundo de iguales.  He llorado, porque asumo que ese es uno de los dos posibles caminos que vamos a seguir y asumo que quizás sea este el camino más seguro hacia un futuro más digno.

Un verano diferente, un verano de desapegarse, un verano que empieza dando un golpe duro a mi corazón, pero con la esperanza de ver que mi pieza TEA será feliz. Así que no adelantemos acontecimientos y vayamos pasito a pasito. Eso sí, pa'lante, siempre pa'lante.




martes, 6 de junio de 2017

QUE SE SIENTE CON LOS NIÑOS

Mayo, mes de comuniones. Momentos que se comparten gustosamente con familiares y amigos. Unas risas, un buen vino, conversaciones animadas, buena comida, todos bien guapos vestidos, todos contentos, todos felices.

Mayo, mes de comuniones. Este año nos notificaron dos. ¡Bien! reunión familiar. Toca buscar prenda para mi pieza TEA. ¿Pantalón largo o corto? ¿Camisa o polo? ¿Zapatos? Lo que está claro es que a una y otra comunión irá igual. Y mientras pienso en lo que le pondremos a mi pieza TEA, no me acuerdo de pensar en el banquete, ni en todo el día fuera de casa, ni el ratito de iglesia donde mi pieza TEA es incapaz de estar.


Con mi pieza TEA hemos asistido a varias comuniones. Todas han ido muy bien normalmente. La primera porque era muy bebé y estaba en el cochecito. La siguiente, todavía pequeñito, se sentaba a nuestro lado en una trona y jugaba con sus cubos o con algún cuento. Después de la comida ya era libre de correr por todo el salón. La última a la que fuimos, a pesar de que ya era más mayor decidimos que se sentara con nosotros, en una silla, con sus cosas. Fue bien también.

Pero esta vez quizás tocaba cambiar. Mi mente sabe que mi pieza TEA se va haciendo mayor, que toca ir dándole nuevas oportunidades. Que no puede estar eternamente bajo el manto de mami y papi. Debe crecer, mejor o peor que los demás, con mayor o menor sentido del saber comportarse, con mayor o menor acierto. Eso da igual, pero hay que probar, dejarle demostrar que se puede confiar en él. Que puede estar solo aunque haya una extrema vigilancia en la distancia. Y aunque sepa que eso debe ser así, un vuelco en el corazón cada vez que se piensa. Pero estas dos comuniones eran la ocasión perfecta para probar. Todos conocidos, todos saben la condición de mi pieza TEA, todos están para ayudar si hace falta, los niños saben que deben vigilarlo e informar si algo no va bien. Así que con ese miedo enfermizo obstruyendo mi pecho decidimos que mi pieza TEA debía sentarse en la mesa de los niños. Si iba bien, perfecto, prueba superada, que no había control alguno, se venía a nuestra mesa. 

Después de haber vivido las dos comuniones, de ver dos mesas con casi los mismos protagonista, de haber vivido dos comidas en lugares distintos y después de vivir lo que vivimos con mi pieza TEA, puedo decir que toca aplaudirle, decirle que dentro de sus historias lo hizo muy bien. Que se sentó a comer como los demás, que comió solo (aunque estamos en época cerdita y le da por comer con las manos), que se ensució lo justo, que se comió todo el plato. Y que cuando terminó, hizo como los demás, levantarse e ir a jugar a sus cosas, a sus intereses extraños, llámesele rampa que baja al párquing de coches en la primera de las comuniones, o simetrías de vigas y columnas en la segunda comunión. 

Es cierto que en el momento, la tensión y el malestar se reflejaba en mi cara, que no aceptaba que se levantara de la mesa y que no nos diera tregua para comer más pausadamente nuestro menú. Es cierto, que aunque superabuelosTEA ayudaron mucho al sentarlo con ellos un buen rato, en la primera comunión perdí mi fortaleza. Me superó y con creces la situación. SuperpapáTEA a medio comer con mi pieza TEA en busca de coches, yo sin disfrutar de nada pendiente de los dos, no poder estar, no poder conversar con los demás, querer participar en los regalos y al minuto darte cuenta que de nuevo mi pieza TEA se había escapado solo a ver los coches. Sentirte pequeño, fuera de lugar en un evento tan normal. Querer esconderte y largarte de un pequeño infierno que no te deja vivir. Fue un mal momento, me supo mal por mi hermano, pero no podía evitar llorar ante la impotencia de no controlar a nuestra pieza TEA. Hasta el punto de decidir marcharnos a casa. Pero como suele pasarnos siempre, la tarde dio un giro inesperado. La animadora infantil se llevó a los niños a una terraza cerrada a hacer juegos. Mi pieza TEA no fue porque estaba mirando coches. Pero cuando volvió y vio aquel lugar ocn un pequeño tobogán ahí se quedó todo lo que quedaba de día. Jugó con el tobogán, corrió de aquí para allá, participó de alguna manera en los juegos que planteó la animadora y lo que pareció que había sido un día desastre acabó siendo un día más de risas y logros de mi pieza TEA. 

La segunda comunión, creo que al haber vivido la anterior me la tomé con más calma, con más sentido común. Además, tuvieron el acierto de alquilar un local con piscina de bolas para acabar de pasar la tarde, que nos sirvió de ayuda cuando mi pieza TEA se cansó de estar en el restaurante después de comer y haber mirado mil veces las vigas de madera tan bien alineadas en el techo. y cuando se hartó de estar con el móvil de superabuela TEA y de estar con ellos. En esa comunión, un día más mi pieza TEA compartió mesa con otros niños. Estuvo cuando tocaba, se levantó unas cuantas miles de veces pero volvió a su sitio, comió una vez más con tenedor y con las manos. Pero ya no me sobrepasó. Y no lo hizo, porque me di cuenta que él como los demás niños, hizo lo que tocaba hacer: comer y levantarse. 



Sé que queda mucho camino por recorrer, que debemos seguir educándole y brindándole ocasiones para practicar y aprender las famosas reglas sociales que existen. Sé que habrá veces que la cosa no irá bien y que otras irá mejor. Sé que cuando valore la experiencia, debo mirar única y exclusivamente la parte positiva, lo que ha hecho bien, la que merece que lo bese y achuche hasta la extenuación y pensar, sólo pensar, la mejor manera de mejorar lo que no ha salido tan bien. Sé que centrarme solo en lo malo sin dar importancia a lo avanzado, no le hace ningún bien a ella, a mi pieza TEA.

Así que de estas experiencias vividas me quedo con que ya puede volar un poquito más sin la ayuda de sus papás sufridores. Pa'lante Arnau, siempre pa'lante. 







miércoles, 24 de mayo de 2017

EMPIEZA A TERMINAR EL CURSO

Empieza a terminar el curso. Un año más. Otro año que se aleja, que se va dejando miles de momentos buenos y malos en el cole. Otro curso que me recuerda que mi pieza TEA crece, se va haciendo mayor. No me gusta nada pensar en eso. Se me escapa de las manos. No él, sino que pueda seguir el ritmo de sus compañeros. La distancia entre ellos se va haciendo cada vez más grande, más insuperable. Ellos aprenden a dibujar, a leer, a escribir a pintar, a jugar juntos y revueltos, mientras mi pieza TEA avanza a su estilo. A su manera (quizás por eso le gusta tanto el "My way" de Frank Sinatra. Mi pieza TEA ha dado pasos de gigante este año. Unos pasos que desde fuera parecen de hormiga, cuando en realidad son de eso, de gigante. 


Hace un año terminó el curso con aquella esperanza gloriosa de que las palabras estaban surgiendo. Que mi pieza TEA quería o pretendía usar el lenguaje verbal para algo... Daba igual hace un año que sólo fuera repetir las palabras que se le decían. El caso es que por fin imitaba palabras. Repetía y empezaba a entender que esos sonidos parecían importantes. Y yo pensaba que si ya había llegado el momento de no sólo comprender si no también expresar. 




Fue un primer año de cole que empezó mal porque nada sabían de autismo y acabó con un montón de personas implicadas en mi pieza TEA. Terminó el curso con esa sonrisa de todo va viento en popa. Y las fotografías que me llegaban del cole confirmaban que era capaz de estar concentrado y trabajar al menos un rato. De que teníamos dos años para que el ansiado click en la cabecita de Arnau por fin llegara. 


Y hoy, un año después, iniciamos la cuenta atrás para terminar el curso. Un curso donde mi pieza TEA no ha conseguido el ansiado click. Pero hemos avanzado. Por un lado, repite mucho más a menudo palabras, y no tan sólo eso sino que palabras como "aigua", "otxe", " eit uis", "no", "aéu" " a urmir" o "bona nit" las utiliza de manera funcional, con una intención realmente comunicativa, queriendo expresar realmente una necesidad. Así que, a pesar de que hay días que pienso que esta lentitud me mata por dentro, estoy orgullosa de esa vocecita que expresa, que se empieza a hacer entender. 

Y hoy, un año después, sabemos que mi pieza TEA sabe los colores, que es capaz de clasificar por colores, que se sabe los números al menos hasta el 30 (aunque estoy convencida que va más allá), que es capaz de contar en voz alta con ayuda (aunque seguro que sin ayuda también lo haría), que se sabe el abecedario de arriba abajo, del derecho y del revés. También hemos podido comprobar que ya entiende aquello de igual y diferente y que puede reproducir una palabra siguiendo el modelo. Sabemos que su comprensión va en aumento, que cada día se le puede hablar más o pedirle más cosas, porque cada día esa orejita escucha más y entiende mejor. 

Este año ha aprendido a autorregularse mucho más sus rabietas, a ceder mucho más rápido que antes, aunque algunas veces su genio y su tozudez salgan a la luz.

Pero esas manitas tan bonitas, tan gorditas todavía no han aprendido a dibujar, a seguir más o menos bien diferentes trazos, ni siquiera a reproducir modelos. Esas manitas no saben todavía escribir su nombre, o las primeras letras que suelen ser vocales.... Mi pieza TEA está muy lejos de llegar a ese punto. Y eso sé que lo va alejando, de seguir pa'lante con sus compis, esas criaturas que lo quieren, que lo aceptan y que lo buscan sí o sí. 

Un año que termina con esa alegría de pasos agigantados, pero con el sabor agridulce de estar cada vez más alejado de seguir. Un año que se me ha hecho corto porque necesito ver cómo sigue avanzando mi pieza TEA. 

Mi consuelo, es que nos queda todavía un año en el paraíso. Un año que puede dar mucho de sí, un año en el que mi pieza TEA demuestre todo su potencial, el que sé seguro que tiene.

Así que seguiré soñando bonito, con un futuro bonito, con un mañana con sus compañeros, con una voz que cuenta y explica su mañana en el cole. Seguiremos soñando y seguiremos pa'lante, siempre pa'lante. 










jueves, 18 de mayo de 2017

MALETEROS LENTOS

Rigideces, manías, rituales, repeticiones, ecolalias, sonidos repetitivos sin ton ni son... un día sí y otro también. Observas, intentas comprender y comprendes. Aceptas, aguantas, eres paciente, le sigues la corriente... hay días que odias rituales, manías, rigideces varias y que agarrarías a tu pieza TEA y la sacarías de un ramalazo de ese bucle, de esa tontería que no lleva a ningún lado, que sólo hace que hacerte perder el tiempo, tu precioso tiempo... por unos cables eléctricos que siempre están ahí, que tu pieza TEA sabe de sobra dónde empiezan y dónde terminan. O esos números de semáforo que sí o sí debemos contar hasta llegar al "Seru". O cuando quieres llegar la coche al salir del cole y tu pieza TEA sólo desea ver el interior de todos y cada uno de los coches que hay aparcados en la calle. O esa obsesión maligna por ver las puertas de los coches cerradas. Un sinfín de mundo aparte en el que pocas veces entramos. Porque no le vemos el qué de la cuestión.. por eso muchos días desearíamos que todas esas manías y rigideces varias no existieran.

Sin embargo, muchas otras veces, esas manías, esos rituales, esas rigideces te traen un guiño de buen humor... Con los cables, por ejemplo, cuando por la calle me dejo guiar por mi pieza TEA, parecemos dos borrachines, ahora por aquí, ahora por allá, ahora cruzamos por donde no se debe, para llegar al final del cable, y volver por el mismo sitio después de ese giro inesperado. Me visualizo desde fuera, él y yo, y sé que nos miran extrañados, pero da igual. Esos saltos, esa sonrisa, ese gritito de maravillosa alegría bien se vale los paseos mareantes a través de los cables eléctricos.

¿Y los semáforos? los numeritos que tantas veces ha visto, tantas veces hemos contado, tantas veces que sé que mentalmente ha contado él, quietos sin movernos del sitio hasta que aparece el señor rojo. Desde fuera parece que juguemos al escondite inglés. Muchas veces, soprendo a la gente girando la cabeza hacia los numeritos y pienso qué cantidad de chafarderos conviven con nosotros. ¿Voluntad de entender? ¿curiosidad por saber qué trae una sonrisa tan y tan franca a un niño de cinco años? No lo sé, pero me río por dentro cuando veo esas caras incrédulas girándose hacia los numeritos del semáforo. 

Y la última de las manías de mi pieza TEA, la que ahora está de moda. La que empezó cuando descubrió que molaba mucho ver desde el interior del coche el retrovisor plegado. La que se hizo más grande cuando se apasionó por ver el portón del maletero abierto, arriba bien arriba y que una vez ha observado de cerca, desde atrás y por los lados te pide que lo cierres con un "tancu". Una manía que se extendió al coche viejuno de superpapáTEA y que llevó a una gran rabieta a mi pieza TEA porque uno de los retrovisores no se puede plegar.

Una ansiedad extrema que surgió cada vez que veía un coche con las puertas abiertas. Al principio sólo se fijaba en el cole, y por suerte para mí y mi pieza TEA, la mayoría de papis conocen el autismo de Arnau y cuando veían que se plantaba ahí delante de sus coches, cabreado por ver las puertas abiertas, quieto como una estatua, con chillidos gruñones por todos lados... cuando me miraban y yo les decía que era por la puerta, no dudaban en cerrarla un momento, pero para mí no era la solución. Así que he enseñado a mi pieza TEA a que no debe enfadarse y debe esperar paciente a que acaben de hacer lo que tengan que hacer para cerrar sus puertas. Esperamos con una sonrisa en los labios, yo, explicándole a mi pieza TEA que con los coches de los demás él no manda... así que se tiene que aguantar.

Pero esta manía está yendo mucho más allá. Actualmente ir al supermercado, se hace más pesado. ¿Por qué? porque en el párquing suele haber muchos coches, muchas puertas abiertas, muchos maleteros cargándose... y mi pieza TEA tiene esa necesidad imperiosa de ver cerradas esas puertas y esos maleteros... Y es desesperante, porque si pensáis que cargar la compra en el maletero es cosa de dos minutos y ya... os equivocáis.

Nunca me hubiera imaginado la cantidad de rato que puede estar un maletero abierto, la cantidad de cosas variopintas que se hacen con los maleteros abiertos. Ver  al ser humano, que siempre suele tener prisas, lo parsimonioso que es para llenar un maletero y cerrarlo es desesperante. De golpe no comprender porqué para todo se tiene prisa pero que colocar la compra y extras requiere de máxima concentración es no entender nada. En un momento, comprendo a mi pieza TEA. Entiendo porqué sus manitas se vuelven locas conforme pasan los minutos y un maletero que ya podría estar cerrado sigue abierto. Y yo también me desespero, agarro las ganas de ir hacia ese coche con el maletero abierto y colocar yo la compra en un plis plas. Con la sonrisa en la boca, se me llevan los demonios, hasta que lo absurdo de la situación hace aparición y sólo puedo que reírme. 

Y es que ayer fue de esos días de supermercado con mi pieza TEA y superabuelaTEA en los que los dueños de los maleteros son más lentos que una tortuga o un caracol, donde se ve que todo ser humano tiene manías por doquier. El primer maletero lo encontramos al entrar. Colocaban la compra en diferentes bolsas de rafia. Hasta ahí bien... pero de golpe, empiezan a sacar cosas de una bolsa para meterlas en otra, descargan unas bolsas que ya estaban el maletero, recolocan otras, vuelven a sacar cosas de otras bolsas para ver donde van a ir mejor, y bolsa a la izquierda... no no, mejor derecha... uy en vertical no, mejor en horizontal... y yo y mi pieza TEA observando a unos cinco metros. Mi pieza TEA que si pudiera hablar les diría cuatro frescas y yo esperando y reteniéndome para no ir y decirles que cerraran el maletero y esperaran un minuto y que después siguieran con sus quehaceres... total diez minutos esperando a que todo estuviera en perfecto orden para poder cerrar maletero y satisfacer ese deseo de mi pieza TEA.

Compramos, corriendo como siempre. Y salimos. Y cargamos el coche (30 segundos). Y vamos a dejar el carro... Y lo vemos. De nuevo otro maletero abierto. Una pareja que guardaba su compra. Yo, contenta. Ya casi tenían el carro vacío. Y la señora pone las dos botellas de jabón de la ropa que quedaban en el carro... y mi pieza TEA expectante... ahora cerrará... Pero no, se va a dejar el carro y deja el maletero abierto. Mi pieza TEA empieza a desconcertarse. Miro a superabuela TEA. Esperamos y observamos el coche con el maletero abierto. Y... OH! el señor saca de la parte delantera del coche una manta. Pienso yo "¿Ahora va a tapar la compra?". Sigo observando y  veo. Veo al señor doblando la manta de viaje como si fuera oro, lentamente, con exactitud... miro a superabuelaTEA. Cara de flipo. El señor que no está satisfecho de cómo ha quedado la manta doblada la desdobla y vuelta a empezar. Las manos de mi pieza TEA locas. El señor que ya ha doblado la manta, pero aquí no cerramos todavía el maletero. No. La manta tiene funda y hay que guardarla dentro de la funda... a mi me entra la risa, a superabuelaTEA le entra la risa, a mi pieza TEA le siguen subiendo las ansias... y por fin, por fin el ritual del maletero se termina. Compra guardada, manta doblada, muy bien doblada, y cerramos maletero. Mi pieza TEA feliz, superabuela feliz, y yo feliz. Subimos al coche y empieza el momento de reír a carcajada limpia.

Y es que señores, lo mejor de todo esto, de todas estas manías, rigideces y rituales es tomárselo con buen humor. Así que buscad la parte divertida y reíros. Vale mucho la pena... Así, seguir pa'lante es mucho más fácil.


miércoles, 3 de mayo de 2017

QUÉ FÁCIL SERÍA

Intentas no pensar. No visualizar esa imagen de mil dedos señalándote a ti. Sólo por tener una pieza TEA ya no formas parte del rebaño. Y te ves señalada. Dedos índices amenazantes. Tú no puedes, para ti no es, tú no formas partes, tú no puedes participar, tú no puedes estar aquí. La condición de nuestras piezas TEA, no tan solo las segregan a ellas. No, los papás también acabamos siendo apartados. No por el hecho de ser papá o mamá TEA, no. La cordialidad, el afecto, los vínculos, las amistades... eso es espontáneo. No se trata de no querer relacionarse con los papás del niño diferente. No es eso.

No es culpa de nuestras piezas TEA. No, tampoco. Es sencillamente que no entramos en los planes. No entramos en los planes de las extraescolares, no entramos en los casales de vacaciones, no entramos en escoger un día al azar o por conveniencia y poder dejarlo en el comedor. No contamos. No podemos participar. Y no podemos porque los otros no están preparados. ¿No están preparados? Quizás yo soy muy radical y pienso que a nuestras piezas TEA hay que tratarlas más o menos como a los demás niños. Sin miedo, con cariño, con paciencia. Aprender a mirar a través de sus ojos y escuchar a quien más sabe de ese niño con autismo: sus padres. Ni la formación más exhaustiva del mundo, ni la experiencia en casos con autismo,.. nada ni nadie sabe más de autismo que un padre, porque autismos hay tantos como piezas TEA hay. Un universo individual que solo los planetas más cercanos pueden llegar a conocer y entender.

Quien no está en este mundo quizás no entienda que es doloroso no poder llevar a tu hijo a fútbol o a judo o a inglés. Quien no está dentro, no sabe que esa pereza de ir a los partidos cada fin de semana es para nosotros motivo de cierta envidia. Quien no está en este mundo no sabe cómo se sufre cuando no sabes dónde apuntar a tu pieza TEA para que el verano no sea tan largo y monótono. Quien no está en este mundo no sabe lo que es no poder decir la tuya en mil y una situaciones. Que si peleas entre niños, que si ahora se junta con este y no con el otro...cosas triviales de las que estamos fuera.

Intentas no sentirte observada cuando vas al cole, intentas hacer caso omiso de las miradas que desaprueban, que no entienden. Intentas, intentas e intentas. Hay días que disfrutas del presente, de tu pieza TEA, del momento, de esa,sonrisa pícara, de esa palabra repetida. Y te sientes viva. Dentro de un mundo difícil pero que se puede capear. Que no te importa escuchar aventuras y desventuras de los otros niños de la clase. Que te encanta escuchar esas vocecitas que inocentemente te cuentan cosas. Y disfrutas escuchándolos y no piensas que ojalá tu pieza TEA te contara todo eso. Da igual. Tu pieza TEA te llena con otras cosas. Esos abrazos que te estrujan hasta ahogarte, esa mirada bicha para seguir jugando a cosquillas, esa vocecita tarareando una canción...

Sin embargo hay otros días, sobretodo cuando nuestras piezas TEA no son tan ellas, cuando parecen tristes o enfadadas o lloran por nada, estos otros días piensas: «con lo fácil que hubiera sido apuntarlo a fútbol» (gracias por la frase prestada) mientras esperas paciente a que tu pieza TEA salga de una terapia cualquiera.


viernes, 28 de abril de 2017

R. Y EL ORDEN ALFABÉTICO

Hoy ha sido un día triste. De aquellos que tarde o temprano nos llega a todos. Ese día que la edad, la enfermedad o un accidente te arrebata un padre o una madre. No ha sido en mi familia, sino en el hogar de R. Y me ha afectado. Mucho. Porque son más de 30 años compartiendo risas y lágrimas, sueños y pesadillas, estudios y diversiones, distanciamientos y acercamientos. R y yo nos conocemos desde pequeñas. Nos unió la escuela, esa escuela que recordamos a menudo con cariño. Sus maestras antiguas y esos profes que eran novedosos. Las maestras serias y permanentemente enfadadas y las que derrochaban cariño a sus alumnos. El profe de francés con sus poses extrañas, o la de gimnasia que parecía que se iba a una boda en lugar de hacer su clase. O esa señora, mayor muy mayor que nos inculcó el placer por la música a ritmos de piano. Y sus nu nu nu nus subiendo tonos pasandoa mano de la barriga al pecho, del pecho al cuello, a la barbilla y arriba arriba.
 
Y hoy, cuando la pena nos une y mientras conducía hacia Barcelona, mi mente pensaba. ¿Cuándo nos hicimos amigas? ¿Por qué ella y no otra niña? ¿Qué nos hizo inseparables? Y escuché esa voz pasando lista cada mañana. "García, Garrigós, González..." El abecedario, el orden alfabético nos unió. Cada principio de curso tocaba sentarse por orden alfabético en los pupitres de dos. Y cada dos años, mi compañera de pupitre era R.
 
Por cuestiones extrañas de la educación cada curso impar nos separaban y cada curso impar, parecía que todo lo compartido el curso anterior no tenía importancia, caía en el olvido y moría la amistad. Pero volvían los cursos pares, y ahí, como si hubiéramos estado jugando ayer, la amistad renacía de sus cenizas. Volvíamos a compartir juegos, risas, caminatas lentas de vuelta de las excursiones o esos diez minutos sentadas las dos en el portal de su casa. Esos minutos en los que al parecer aun no nos habíamos explicado todo.
 
Terminó la EGB y nuestros mundos tomaron caminos distintos. Institutos diferentes, amigos distintos, amores y desamores y la distancia se hizo casi insuperable... Pero no, cuando una amistad es real, no importa la distancia, no importa si te pasas un año o dos sin saber nada la una de la otra. No pasa nada, un buen día, te cruzas con ella y retomas eso que siempre ha estado ahí.
Y así fue y es con R. Hemos vivido nuestras bodas, con sus abrazos de plena alegría por un sueño conseguido. Hemos sonreído al ver a nuestros bebés en nuestros brazos. Nos hemos abrazado cuando los malos momentos han ido llegando. Hemos compartido mil historias que recordamos pasados tantos años. Y ahí seguimos y ahí seguiremos.
 
Hoy no hablo de mi pieza TEA. Hoy no toca, a pesar de que R. y Arnau comparten algo. Los dos con sus cosas que los hacen diferentes a los demás, son mis seres especiales. Los que ahora, siebdo adulta, me han enseñado a ser fuerte y luchar. Los que me han enseñado con sus historias personales que hay que ir siempre con la cabeza muy alta.
 
R. Ets molt i molt gran. T'admiro, per la teva força, per la teva valentia, per el teu esforç. Avui he tingut la necessitat de parlar de tu i la nostra amistat. És el meu petit homenatge a la nostra amistat. Les paraules escrites no es perden mai.
 
R. Eres muy muy grande. Te admiro, por tu fuerza, por tu valentia, por tu esfuerzo. Hoy he tenido la necesidad de hablar de ti y de nuestra amistad. Es mi pequeño homenaje a nuestra amistad. Las palabras escritas no se pierden nunca.
 
 

miércoles, 26 de abril de 2017

QUERIDO SER HUMANO

Querido ser humano:

Suelo observarte cada día. Miro cómo muchas mañanas tu cara dibuja un arco extraño en tu boca. Cómo tus cejas se quieren unir forzadas hacia la nariz. Veo cómo tus pasos son decididamente fuertes, duros, con unas prisas extrañas. Muchas mañanas tu voz deja de ser dulce cuando apremias a tu pequeño para que espabile. Muchos días pienso que te olvidas de sonreír. Ese arco en la boca, esas cejas que se quieren unir... no me gustan.  Y no me gusta el tono de tu voz. Cada día te observo, escucho tus quejas... hacia la vida, hacia tu pequeño, hacia tu trabajo o tu pareja. Y pienso, ¿Qué te importa? ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? Tienes un pequeño maravilloso. Que habla, que sonríe, que juega con los demás, que desborda imaginación, que sabe escribir, leer o dibujar. Que se sabe vestir solo, que te ayuda en casa si se lo pides, con el que puedes compartir juegos, paseos, ilusiones, planes... y sin embargo, muchas mañanas dibujas un arco extraño en la boca y tu cejas quieren unirse hacia la nariz.


Querido ser humano, yo también tengo una mamá. Sé que sufre cada día, que muchas mañanas se quedaría escondida en casa para que nadie viera su pena ni sus ganas de llorar. Tengo una mamá que sueña con ser como tú, con hacer conmigo lo que tú puedes hacer con tu hijo.  Sé que daría lo indecible por ello. Sin embargo, sé que después, cuando ve mi arco bonito en la boca, coge toda su pena, todas sus lágrimas, todos sus sueños y los cierra bajo llave, los borra de su mente hasta que vuelven a florecer. Y yo la miro. Y veo ese arco bonito en su boca, y observo cómo sus ojos rasgados se empequeñecen al dibujar ese arco. Y yo la imito. Eso sí que me gusta, imitar ese arco bonito. Y escucho su tono de voz. Dulzura pura, alegría inacabable de buena mañana. Y esos chillidos locos cuando parece que he conseguido algo guay que me ensordecen pero que me hacen latir el corazón de emoción compartida.

Querido ser humano, yo no soy un peque como el tuyo. Tengo mis cosas, esas que al parecer complican mi vida. Mi mamá lo sabe, pero cada día, al salir por la puerta de casa, me coge de la mano con fuerza y decisión. Paso firme y decidido. Y ese arco bonito, más bonito aún. Y lo sé. Sé que mi mami busca nuestra felicidad en las pequeñas cosas. Esas cosas que tu peque hace sin pensar y con facilidad. Y sé que ella se siente feliz cuando demostráis con un pequeño gesto que sabéis que yo también soy un ser humano.

Querido ser humano, tú eres como yo y yo como tú, pero vivo sin recordar que hay normas sociales, aspectos que una vez alguien decidió de manera arbitraria que aquello era lo correcto. Vivo sin seguir los patrones de lo normal. Pero sigo siendo un ser humano.

Sólo quiero que recuerdes esto: yo también soy un ser humano. Que siente, que sufre, que se divierte, que aprende, que respeta, que ama, que quiere crecer. Así que, si no te importa, déjame crecer, a mi manera. No me pongas peros todavía, no me niegues lo que tu peque tiene. Déjame ser y crecer.

 Un niño con autismo